El Museo Francisco Sobrino, ubicado en la Cuesta del Matadero de Guadalajara, se suma a la celebración del Día Internacional de los Museos con un programa de actividades gratuitas que se desarrollará del 15 al 18 de mayo. Bajo el lema «Museos uniendo un mundo dividido», el espacio dependiente de la concejalía de Cultura del Ayuntamiento propone una oferta que combina pintura, expresión física y talleres para toda la familia.
La agenda arranca el viernes 15 de mayo a las 19:00 horas con la inauguración de la exposición ‘Geometría Portuguesa II. La vida de puerta en puerta’. La muestra, comisariada por José Rosinhas y disponible hasta el 19 de julio, expone la obra del artista Acácio Viegas. Sus pinturas utilizan la figura cotidiana de la puerta para explorar la tensión geométrica y emocional entre el interior y el exterior de los espacios.
El sábado 16 de mayo llegará uno de los momentos más singulares del fin de semana con ‘La espiral de la soledad’, una performance participativa diseñada por la artista Alba López Santos. Entre las 12:00 y las 13:00 horas, un grupo limitado de quince participantes podrá caminar descalzo sobre una gran superficie textil cubierta de escayola, carbón y pigmentos minerales. Cada paso irá modificando la pieza en tiempo real, mientras el resto del público asiste como observador de esta creación colectiva.
Los actos concluirán el lunes 18 de mayo, fecha central de la efeméride, con una jornada de puertas abiertas dividida en horario de mañana (9:30 a 13:30) y tarde (16:30 a 20:30). Durante el día se realizarán visitas guiadas para centros escolares y, a las 17:30 horas, se impartirá el taller creativo ‘Museos uniendo a un mundo dividido’, dirigido a familias con menores a partir de seis años.
Esta programación especial refuerza la línea de trabajo que el centro ha consolidado durante el último año en la capital alcarreña. Tal y como documenta el archivo de Liberal de Castilla, el Museo Francisco Sobrino mantiene una apuesta constante por acercar la vanguardia, la geometría y la abstracción a los vecinos de Guadalajara. La inclusión de propuestas donde el público mancha sus propios pies de carbón demuestra una evolución clara en su oferta cultural: el espacio deja de ser un mero contenedor de obras para convertirse en un laboratorio de experimentación ciudadana, honrando a través de la participación activa el espíritu cinético de su creador.
