Son días de fango y muerte y a nuestros dirigentes políticos les toca mancharse las botas para bajar al barro, pero para ello deben de enfrentarse con rapidez y decisión a las tareas más difíciles, ingratas y desafiantes que se les presentan como gobernante aunque sean incómodas.

El modelo ha fallado, no ha sido eficaz, ha llegado tarde, no ha evitado muertes. El ejercito debería haber entrado desde el minuto uno, pues es el mejor preparado para reabrir vías de comunicación, distribuir alimentos y rescatar personas. La Ley orgánica 5/2005 de la Defensa Nacional en su articulo 15 dice que “Las Fuerzas Armadas, junto con las Instituciones del Estado y las Administraciones públicas, deben preservar la seguridad y bienestar de los ciudadanos en los supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas, conforme a lo establecido en la legislación vigente.”
La desconfianza en nuestra clase política tras estos acontecimientos es muy grande y evidente. Hoy, muchos, te dirán que esta desgracia de Valencia está sirviendo para que el mensaje anti política eche raíces y crezca en España. ¡No!, lo que ha pasado es que el sistema ha sido incompetente y ha fallado principalmente por la ineficacia de unos políticos nefastos incapaces de gestionar ni su comunidad de vecinos porque no tienen ninguna formación ni preparación y sólo están a sus intereses. Es normal que muchos españoles -que les han dado un ejemplo de solidaridad y valentía- estén indignados y que ya no confíen ni en políticos ni en el sistema que les ha llevado donde les ha llevado.
La evidente gestión descoordinada, ineficaz y poco operativa por parte de la administración autonómica de esta catástrofe que ha destrozado miles de coches, de viviendas, de fábricas, de infraestructuras y sobre todo muertes, muchas muertas ha indignado a los españoles, que además ven como día a día incumplen promesas que, en esta oportunidad podrían haber dado una solución a un problema que se conoce muy bien desde hace mucho tiempo debido a la construcción incontrolada a día de hoy en terrenos inundables. En el 2004 el gobierno de aquel entonces en Valencia anunciaba la creación de una presa en Cheste para evitar que los 16 pueblos afectados estos días por esta Dana estuviesen con miedo y mirando al cielo cada vez que llegan tormentas. Es por todos conocidos desde hace años que los barrancos y la rambla del Poyo castigan con grandes inundaciones estas zonas año tras año de Paiporta, Ribarroja, Torrent, Quart de Poblet, Mislata, Picanya, Godelleta y Massanassa entre otros.¿Por qué quedan impunes las promesas incumplidas de los políticos? ¿Cuál es el coste al País de ello? ¿Este? Es demasiado precio el que pagamos.
Opinión de Antonio de Miguel
