Marte, Júpiter, Urano, Neptuno, Venus y Saturno. De este a oeste y por este orden. Como si estuvieran jugando una partida de seis en raya. Durante las próximas semanas, el cielo ofrece un espectáculo que se repetirá otras dos veces a lo largo de este año. Para observar esta alineación tan sorprendente como anómala hay que esperar a la puesta de sol, momento en el que cuatro de los seis planetas se verán a simple vista: Marte, Júpiter, Venus y Saturno, mientras que los gigantes de hielo necesitarán la ayuda de un telescopio. Estos días son el mejor momento para observar este baile en el firmamento una vez que el Sol se haya ocultado completamente. Dado que esta procesión planetaria se mantendrá inalterable en el cielo hasta mediados del mes de febrero, conviene atender una serie de consejos para observarla en toda su plenitud. ‘Lo primero es elegir una noche de cielo despejado, buscar un lugar con poca contaminación lumínica que esté libre de obstáculos en el horizonte sur, ir bien abrigado y tener a mano un tentempié caliente’, recomienda Antonio García-Blanco, presidente de la Agrupación Astronómica de Guadalajara.

Para conseguir la mejor visión de esta alineación planetaria, conviene esperar entre quince y veinte minutos hasta que las pupilas de nuestros ojos se adapten a la oscuridad. Tras hacerse de noche, hay que dirigir la mirada entre el este y el suroeste para descubrir a los cuatro planetas que son visibles a simple vista. ‘Al contrario que las estrellas, que parecen temblar en el cielo por efecto de la distorsión atmosférica, los planetas emiten un brillo constante que no es sino el reflejo de la luz solar’, puntualiza el presidente de AstroGuada. Si se dispone de telescopios, estas noches son inmejorables para observar la superficie rojiza de Marte, que en estos momentos se encuentra en oposición, es decir, al lado contrario de la Tierra, así que nuestro planeta está directamente entre el planeta rojo y el Sol, por lo que se muestra mucho más grande y brillante de lo habitual. Gracias a su característica tonalidad rojiza, Marte es el planeta más fácil de identificar en esta alineación planetaria, que ahora mismo transita por la constelación de Géminis.
Júpiter se sitúa muy cerca de Aldebarán, la estrella gigante roja que es la más brillante de la constelación de Tauro, justo al oeste del planeta rojo. Con telescopio o unos prismáticos de largo alcance se aprecian las bandas nubosas que rodean al gigante gaseoso, que están compuestas de hidrógeno y helio, así como los cuatro satélites galileanos. Con un poco de suerte y paciencia, incluso se llega a ver la Gran Mancha Roja, un anticiclón de más de 16.000 kilómetros de ancho en el que caben dos Tierras. Esta tormenta descomunal no siempre se puede ver desde nuestro planeta ya que Júpiter tarda nueve horas y cincuenta minutos en completar una vuelta sobre su propio eje, por lo que pasa mucho tiempo en el lado opuesto a nosotros. Urano se encuentra a unos cincuenta grados al oeste del gigante gaseoso y ligeramente por debajo de él, relativamente cerca del cúmulo de las Pléyades, que se ve a ojo descubierto. A través del ocular del telescopio y ubicado entre Aries y Tauro, este planeta se asemeja a una tenue estrella con un tinte azul pálido.
Venus, Saturno y Neptuno deambulan estos días por las inmediaciones de la constelación de Acuario, cerca del horizonte oeste, así que conviene ser puntuales a la cita para no perderlos de vista antes de que se oculten. El gigante helado se encuentra unos nueve grados por encima y ligeramente al este de Venus, inclinación que equivale al tamaño aproximado de un puño extendido a la distancia de un brazo. Solo se puede observar con telescopio y ofrece un brillo muy débil, semejante al de una estrella y con una ligera tonalidad azulada. Conocido como el lucero del alba, Venus es el segundo objeto más brillante en el cielo nocturno después de la Luna, así que su localización no tiene pérdida, y como ésta también tiene fases. Saturno es para muchos el planeta más espectacular del Sistema Solar y estos días puede verse muy próximo a Venus. Con un equipo de observación se aprecian los anillos que orbitan a su alrededor, así como algunas de sus lunas más relevantes, como Titán, Jápeto, Rhea o Tetis.
Y si esta alineación planetaria resulta formidable, hay que prepararse para el gran acontecimiento que llegará en poco más de un mes. El 28 de febrero se sumará Mercurio a este desfile en los cielos nocturnos para completar una danza espléndida que involucrará a los ocho planetas del Sistema Solar. ‘Este evento es tan insólito y extraordinario que solo puede verse una vez en la vida dado que no volverá a repetirse otro igual hasta dentro de 460 años’, advierte el presidente de AstroGuada. Mientras que las conjunciones de dos planetas suelen ser habituales en el firmamento, las alineaciones de cinco o más son bastante anómalas, y esta de siete es tan excepcional que no volverá a verse hasta el año 2492. No habrá que esperar tanto para disfrutar de otro alineamiento espectacular, ya que tendrá lugar el 11 de agosto de este año, víspera de la lluvia de las Perseidas, cuando Mercurio, Venus, Urano, Júpiter, Neptuno y Saturno se situarán en fila.

