La comarca guadalajareña de la Alcarria Baja ha registrado un incremento poblacional del 9,6% en los últimos años, lo que se traduce en más de 1.800 nuevos residentes empadronados. Este repunte demográfico se ha evidenciado este sábado en Aranzueque durante las XIV Jornadas Gastronómicas del Espárrago Verde, donde el viceconsejero de Administración Local, Eusebio Robles, ha detallado el impacto directo de las políticas autonómicas de asentamiento rural. Acompañado por el alcalde del municipio, Andrés Mariano Martínez, y el delegado provincial de Agricultura, Santos López, Robles ha vinculado este crecimiento a la suma de incentivos tributarios y la reactivación económica del entorno.
Durante el encuentro, que coincide además con el arranque del programa cultural ‘CLM Rural Living’, el Ejecutivo regional ha confirmado que la Ley de Medidas contra la Despoblación ha logrado atraer a más de 4.700 personas a las zonas más despobladas de Castilla-La Mancha desde su aprobación en 2021. El blindaje de servicios básicos en el medio rural ha sido el principal pilar de esta recuperación. La apertura y ampliación de colegios rurales, el mantenimiento de los consultorios médicos y el Transporte Sensible a la Demanda —que ya conecta a más de 54.000 usuarios entre municipios— han generado una red de seguridad para los nuevos residentes.
A estos servicios se suman las deducciones en el IRPF, de las que se han beneficiado más de 98.000 contribuyentes en la última campaña de la renta. En el caso específico del Valle del Tajuña, esta combinación de medidas ha sido determinante para lograr un saldo migratorio positivo de 2.515 personas entre 2021 y 2024.
El campo como motor demográfico
El crecimiento habitacional en la Alcarria Baja no es un fenómeno espontáneo, sino la consolidación de una estrategia que enlaza el bienestar social con la viabilidad económica del terreno. Tal y como ha documentado Liberal de Castilla en su seguimiento del sector primario provincial durante el último año, la clave de este repunte se encuentra en la profesionalización y el reconocimiento institucional de los recursos autóctonos.
La concesión en 2024 de la Indicación Geográfica Protegida (IGP) al espárrago verde de Guadalajara marcó un punto de inflexión decisivo para la comarca. Este sello de calidad abarca hoy 44 municipios de la zona occidental de la provincia y respalda el trabajo de 25 operadores sobre 550 hectáreas de cultivo. Al conectar este hito agrícola con la batería de desgravaciones fiscales y el blindaje de servicios de la Ley de Despoblación, el territorio ha logrado transformar un cultivo tradicional en una herramienta directa para fijar población.
Iniciativas como las jornadas de Aranzueque superan así el formato de la fiesta popular. Se han convertido en el reflejo de cómo la suma de una agricultura protegida, el acceso garantizado a servicios públicos y una agenda de ocio rural consiguen revertir la sangría demográfica y atraer nuevos pobladores a los pueblos de Guadalajara.
