Las Botargas. El documental de Julio Caro Baroja del año 1965

Carmen Ortiz, en su investigación, recuerda que el trabajo de los Caro Baroja, lleno de problemas por algunos pueblos recónditos de Guadalajara «a caza de botargas» en 1965, incrementó la imagen de final de un mundo que ya habían tenido al documentar las anteriores fiestas en Cuenca y en Huelva. El fuerte exotismo de los trajes y las máscaras de estos personajes fustigadores, de aparición muy antigua en las fiestas mediterráneas, en el escenario de la miseria y la ruina de posguerra de los pueblos alcarreños, resultó impactante para los cineastas:
«Tengo la sensación de haber rodado un esqueleto sin carne ni piel, sin cabello y sin ojos, algo muerto hace ya muchísimos años […] Y pienso en mí, en nosotros, intrusos extranjeros, que llegan al poblado a rodar un reportaje sobre la vida de la tribu. Un pueblo de la España muerta. Mi hermano [Julio] escribe: “Tengo la sensación, y se lo digo a mi hermano, que estamos fotografiando cadáveres: cadáveres casi putrefactos.
Las sociedades que han pasado estos días ante nuestros ojos, son sociedades en estado agónico. Estas películas son, en el sentido heterodoxo que muestran de las celebraciones religiosas litúrgicas, imbricadas en un mundo cultural y mítico muy complejo, una excepción que se continúa con el documental dedicado al carnaval de Lanz, una fiesta que estaba formalmente prohibida, y que no se celebraba en el pueblo desde la Guerra Civil.
El Documental
