Es el momento de animar a la Junta a que abandone la estrategia de dejar a los pueblos de la provincia sin el tren. Con este motivo, el próximo martes 22 de noviembre, celebraremos a las seis de la tarde, en la estación de Cuenca, el plante decimoséptimo (17), para exigir que se renueve y restablezca la línea Madrid-Cuenca-Valencia. También asistiremos a la concentración del día 27, a las doce horas, en la plaza de España, porque la decisión no democrática de cerrar el tren, inspirada en planteamientos neoliberales, vulnera derechos fundamentales, lesiona valores constitucionales (igualdad y justicia), perjudica a la provincia más desfavorecida y pervierte la cultura de lo público.

Debemos ser plenamente conscientes de que la Junta habría podido frenar la clausura de la línea, como están haciendo otras comunidades autónomas. Por ejemplo, Cataluña consiguió mantener y modernizar las líneas Montcada-Puigcerdà y Lleida-la Pobla. Si Page hubiera “peleado a muerte por el tren” no habrían cerrado la línea. Pero el presidente de Castilla-La Mancha, tan crítico con el gobierno de Sánchez, prefirió actuar como un colaborador sumiso. No exigió una evaluación independiente, sobre los treinta años de gestión de la línea Madrid-Cuenca-Valencia por parte de Renfe y Adif, y aceptó el estropicio de cerrar el tren, sin evaluar el impacto de la medida en los pueblos. Sorprende que el gobierno regional, justifique su decisión construyendo relatos disparatados contra los pueblos, que no están en condiciones de defenderse, utilizando los informes que le suministra Renfe y Adif plagados de datos falsos.
Si a los políticos de la región les preocuparan los pueblos, de esta provincia despoblada, habrían viajado en tren para comprobar, personalmente, los cambios que se llevaban a cabo, con el propósito de deteriorar el funcionamiento de la línea. Habrían sido testigos de cómo recortaban servicios, que presentaban aceptables tasas de ocupación; cómo se modificaban horarios sobre la marcha, sin avisar previamente; cómo se clausuraban estaciones por donde discurría la línea, sin razón aparente o para recortar plantilla y, en fin, de qué manera se suprimían las taquillas de venta de billetes en las estaciones y se instalaban máquinas expendedoras que no funcionaban. Por este motivo, los datos sobre viajeros del gobierno regional son falsos, ya que en la mayoría de las estaciones las personas accedían a los vagones sin billetes y viajaban gratis, porque no existían inspectores en la ruta. A todos estos cambios (recortes de servicios, cambios de horarios, clausura de estaciones, supresión de taquillas, trenes sin inspectores), tenemos que añadir el fundamental: treinta años sin invertir en el ferrocarril regional Madrid-Cuenca-Valencia, porque lo querían desmantelar a toda costa.
En resumen, opino que la clausura del tren es consecuencia de unas políticas neoliberales que se ensañan especialmente con la provincia más desfavorecida de la región. El colmo del ensañamiento fue promover precipitadamente su cierre, después de que el consejo de ministros anunciara que los viajes en los trenes serían gratuitos. La cuestión que aún me planteo es ¿por qué Adif, la Junta, la diputación y el ayuntamiento de Cuenca tuvieron tanto interés en que la ciudadanía de los pueblos de esta provincia no se beneficie de los viajes gratis en el tren?
Opinión de Fernando Casas Mínguez
