Los profesionales del Área Integrada de Guadalajara, dependiente del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha, han conocido las distintas líneas que contempla el Plan de Humanización de la Asistencia Sanitaria ‘Horizonte 2025’ en esta región.
Se trata de un Plan que es, en palabras de la directora general de Humanización y Atención Sociosanitaria, María Teresa Marín, un “pilar básico, fruto de un proceso para el que se ha contado con la aportación de profesionales, ciudadanía, gestores y asociaciones de pacientes”.
Su elaboración, ha añadido, ha supuesto un “gran esfuerzo metodológico y nos ha aportado mucho”, siendo el resultado un Plan que recoge “trabajo, conocimiento, experiencia y sabiduría de mucha gente para mejorar la vida de profesionales, pacientes y ciudadanía”, con el objetivo de que sea “permanente y transversal” y dé cabida a nuevas experiencias para la mejora continua de la atención a las personas.
Durante la presentación del Plan en Guadalajara se han dado a conocer los resultados del análisis de la situación de la salud en Castilla-La Mancha y la opinión de los participantes sobre los aspectos que valoran en su experiencia y de cara a la mejora de la calidad asistencial.
El coordinador de Programas de la Dirección General de Humanización, Rodrigo Gutiérrez, y la coordinadora de Humanización de la Asistencia Sanitaria, Almudena Jerez, han desgranado los aspectos del Plan y los espacios y órganos creados para la coordinación y seguimiento del mismo, como el Consejo Regional de Humanización, la Comisión Técnica Regional y las comisiones de humanización en las gerencias, así como los responsables en cada una de ellas.
Han destacado que “todos somos responsables de la humanización” y han apuntado la importancia de “poner el foco en las personas” en cada acción, la participación al diseñar los servicios, la innovación en servicios y procesos, la responsabilidad y la formación. Por otra parte, se han referido al cuidado y bienestar de los profesionales, la creación de espacios físicos adecuados y agradables y los procesos de atención integral centrados en las personas.
Por su parte, el gerente de la GAI de Guadalajara, Antonio Sanz, ha señalado que la humanización es un factor “transversal” que debe impregnar cada aspecto de la atención sanitaria, y la responsable de Humanización en esta gerencia, Sandra Ropero, ha repasado a las acciones emprendidas en los últimos meses en materia de humanización en Guadalajara.
Entre estas acciones destacan el proceso de información y acompañamiento en el servicio de Urgencias, el protocolo de acompañamiento en el duelo perinatal, el programa de Mediadores de Salud entre Culturas o el trabajo en relación a la Prestación de Ayuda para Morir.
Asimismo, ha apuntado la mejora de la accesibilidad cognitiva mediante pictogramas, la recuperación de actividades de voluntariado para mejorar la estancia de los pacientes, las mesas informativas sobre el Registro de Voluntades Anticipadas, la formación dirigida a profesionales para la mejora de la comunicación o la organización de rutas dentro del programa ‘7000PasosX’, entre otras muchas iniciativas.
Proceso participativo
En el proceso para la elaboración del Plan se ha hecho un diagnóstico de la situación de la salud en Castilla-La Mancha, teniendo en cuenta su realidad demográfica y territorial, y se han identificado las líneas a seguir en los próximos años para la mejora de la calidad asistencial y de la experiencia de los pacientes y usuarios en su proceso de salud y enfermedad.
5.500 personas han intervenido en el proceso participativo del Plan de Humanización apostando sugerencias y comentarios que se han tenido en cuenta en su elaboración.
El Plan de Humanización es una herramienta clave orientada a una atención centrada en la persona basada en el respeto, la escucha activa, la participación y la empatía; también está encaminado a la mejora de la capacidad de la organización, el fomento de la participación ciudadana y la corresponsabilidad del paciente, además de priorizar proyectos de humanización para colectivos específicos y de mayor vulnerabilidad.
Todo ello con el objetivo de reducir la angustia y el estrés que supone la enfermedad, el aumento de la confianza en el sistema sanitario, un mejor aprovechamiento de los recursos y también la mejora de las competencias personales y profesionales de los trabajadores, así como la participación e implicación de la ciudadanía en los procesos de salud.